martes, 29 de septiembre de 2015

Perder el miedo al acolchado libre o free-motion quilting

Hola guap@s.

Me he fijado un objetivo en este año escolar que comienza, y es perderle el miedo al acolchado libre a máquina. Hace un par de años asistí a un curso de iniciación con Jacqueline Bahi y hace unos meses repetí curso de iniciación, pero esta vez con Eva Gustems. Y en ambos casos llegué a la misma conclusión: Que una vez aprendidas las reglas básicas, hay que practicar muchísimo. Pues bien, como mi número de tops preciosísimos (léase misteries de Authen-tic) preparados a punto de acolchado libre comienza a ser alarmante, necesito sí o sí lanzarme de una vez. Sé que acolchar un quilt con una máquina doméstica, por buena que ésta sea, es complicado, si no imposible. Sé que ni por asomo mis quilts quedarán tan preciosos como los que voy viendo por ahí, acolchados por alguna de las grandes expertas y de cuyos trabajos disfrutamos día tras día en la red… Pero son varios los motivos que me empujan a intentarlo hacer yo misma: el primero, que me gusta empezar y acabar mi trabajo yo, sin que nadie más intervenga, el segundo, el económico y el tercero, que, según mi humilde opinión, para merecer el nombre de “quilter” hay que “quiltear”, a mano, y a máquina, y no sólo con la pata de doble arrastre, que esto lo podemos hacer todas.
Así que, una vez incorporada al 100% en el trabajo, llorando por los rincones por la finalización de la jornada intensiva y con una falta de tiempo exasperante, he comenzado a (intentar) acolchar en free-motion cada minuto de mi tiempo libre. Para las dos primeras pruebas escogí unas telas de aquellas que las miras y piensas “cómo estaba yo para comprar esto, que no lo usaré en la vida”. No diré que son feas, pero… no son las más bonitas y tengo unas cuantas de éstas, lo cual me hace plantearme no entrar nunca en una tienda de patchwork en estado semi-depresivo, jaja. Pues bien, con esas telas no-bonitas y que no combinaban demasiado, (total, si no me gusta lo tiro a la basura, es sólo para practicar) monté dos sándwiches tamaño fat quarter y me senté. Pues debo decir que sorprendentemente el resultado no me parece tan malo como para tirarlo. Hay muuuuchos defectos, curvas con angulitos, puntadas más largas que otras, nuditos en la trasera… pero caray, se puede aprovechar. Mi amiga Cesca me sugirió hacer unos individuales, pero yo sé que no los voy a usar, y como soy la reina de los monederos y neceseres, me dije: “Pues un neceser grandote”; total, son como los bolsos, da igual cuántos tengas, que nunca son suficientes. Así que el primer sándwich acolchado libre por la moi se ha convertido en un estuche-neceser-oloquequieraquesea bastante grande que seguro que utilizaré. En seguida os lo enseño. El segundo sándwich sigue siendo eso, porque todavía no le he dado forma, es la última foto que os pondré, para que podáis ver el acolchado. Y el tercer trabajo lo dejamos para otro día, pues casi casi casi lo tengo terminado, pero entra en otra categoría y merece un post para él solito.
Y con toda esta xerrameca, como decimos los catalanes, tan de moda últimamente, os dejo. Por favor, sed compasivas con mi acolchado, que es la primera vez que lo hago.
Un besote y a ser todo lo felices que podáis.
Susana












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